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Si me conocieras...

Vivo estos meses una época emocionalmente intensa en el que me han pasado demasiadas cosas y que me han hecho recordar un curso con Esperanza Loira, en el que nos preguntaron que escribiéramos algo sobre cada uno de los asistentes. De todas las cosas que dijeron de mí, la que más me sorprendió fue una de José Sotilla que decía “Hay más”.

Vivo estos meses una época emocionalmente intensa en el que me han pasado demasiadas cosas y que me han hecho recordar un curso con Esperanza Loira, en el que nos preguntaron que escribiéramos algo sobre cada uno de los asistentes. De todas las cosas que dijeron de mí, la que más me sorprendió fue una de José Sotilla que decía “Hay más”.

Dicen que las personas somos como los icebergs porque sólo mostramos un diez por ciento de lo que somos. Esto me dio bastante que pensar porque muchas veces ni las organizaciones ni las personas dedican el tiempo en descubrir que “hay más” en cada uno de nosotros. Y ni el sistema educativo ni la sociedad fomentan que enseñemos quienes somos en realidad. Y mucho menos cuáles son nuestros sentimientos ni nuestras emociones.

Andaba yo pensando en estas cosas cuando un día recibí una llamada de uno de mis mejores amigos que me contaba que no era feliz. ¿Qué tremendo que alguien te diga esto no? A mí se me cayó el mundo encima. Desde entonces, ha comenzado a enseñarme esa parte del iceberg que desconocía. A él y a quienes estos días también me habéis enseñado la otra parte del iceberg os dedico este post. Gracias por hacerlo.

Como casi nada sucede por casualidad, hace unos días repetimos el ejercicio del curso de Esperanza Loira en una de las clases de teatro y, después de la clase profundizamos con mis compañeros de Cucutrup sobre este tema y descubrí algo más: que nos cuesta mucho contar a los demás lo que sentimos y que seguimos sin dedicar el tiempo suficiente a conocer y a escuchar a los demás.

Y por si no fuera suficiente, no sé como di con “If You Really Knew Me”. Un reality show de MTV rodado en institutos americanos que, a través de jornadas denominadas “El Día del Desafío” crean el escenario para que los alumnos expresen sus emociones y hablen de sus sentimientos.

He dado mil vueltas a la serie. Después de aquellos ejercicios y de ver algunos capítulos de la serie me doy cuenta de que muchas veces vivimos rodeados de amigos, familiares y colegas a quienes desconocemos por completo.

¿Y si las personas y las organizaciones crearan estos espacios? Si de verdad nos conocieran ¿qué sabrían de nosotros?

Las sociedades modernas han relegado algunas emociones y sentimientos a una esfera estrictamente privada: llorar, reír, estar triste, abrazar a alguien... Tanto que demasiadas personas viven incomunicadas y han aprendido a ocultar dichos sentimientos a pesar de que la mayoría necesitan expresarlos. Desde pequeños nos enseñan a ocultar las emociones. Y, sin embargo, el cine, el teatro y la televisión están repletos de emociones y sentimientos. Hasta los anuncios.

¿Cuánto tiempo dedicas a que te conozcan?  ¿Qué escondes? ¿Qué sentimientos te persiguen a lo largo del día? ¿Cuánto tiempo dedicamos a ser nosotros? ¿Hay alguien que te dice que está orgulloso de ti?  Más a menudo deberíamos celebrar desafíos que nos permitieran conocer y empatizar mejor con qué y quién nos rodea. De lo contrario, creamos personas enfermas del alma.

En los tiempos que corren deberíamos replantear el modelo de valores y crear los espacios para que el ser humano recupere escenarios de comunicación, empatía, cariño...

Si me conocieras ¿qué sabrías de mí? Y si te conociera ¿qué sabría de ti?

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